
Fotografía: Gleb ZverevHace tienpo que no subía nada a este blog, pero meses atrás, visitando
La Mazmorra de Gabrel, encontré un artículo que hablaba sobre lo que considero que siempre me ha influenciado enormemente cuando estaba totalmente volcada en el mundo de la Dominación/sumisión: el tema
emocional, y no he resistido la tentación de subirlo, ya que hay muchos otros artículos en el blog que tratan de este tema, y ademas que creo que es muy importante ya que si no se tiene cuidado puede causar mucho daño en la
autoestima de la persona.
Si os animáis, creo que sería interesante leer vuestras opiniones al respecto del tema "emocional" y la repercusión que la D/s tiene sobre ello, al igual que lo tiene en nuestro día a día. Personalmente, a mi me ha influenciado, me confieso una persona cuya vida está bastante regida por el tema de las "emociones", así soy, quizás a veces sea un handicap, pero si no fuera así, sería otra persona, con otra sensibilidad.
Un cariñoso saludo,
Cris

BDSM y la Intensidad Emocional
Autor: Gabrel
Intensidad Emocional - Emociones
Uno de los aspectos más importantes a considerar en el desempeño de los roles de Amo y sumisa es la intensidad emocional, o lo que es lo mismo, el grado de aceptación o rechazo que produce la práctica de determinadas disciplinas de BDSM.
Las emociones nos sirven para manejar nuestros propios sentimientos, interpretar o enfrentar los sentimientos de los demás, sentirnos satisfechos y ser eficaces en la vida, a la vez que crear hábitos mentales que favorezcan nuestra propia actividad diaria.
Dos ejemplos pueden servir para describir la importancia de conocer la intensidad emocional: Para comprender cómo son las emociones “fisiológicas” podemos ejemplificarlo en el spank y cómo el comportamiento puede variar según qué sumisas lo practiquen y según sea su umbral del dolor: Un umbral de dolor bajo desencadenará un comportamiento negativo de la sumisa, y reflejará una intensidad emocional de alto rechazo; y por tanto impedirá a su Amo realizar una serie prolongada y fuerte de azotes. Por el contrario, una sumisa con umbral de dolor alto, soportará mejor una serie prolongada y fuerte de azotes y su intensidad emocional será de menor rechazo y más aceptación para recibirlo. En este ejemplo es claro que la intensidad emocional varía en una sumisa a otra.
Igualmente, para comprender cómo influyen los aspectos “sociales” podemos emplear el ejemplo de la práctica del exhibicionismo realizado por una misma sumisa: El grado de intensidad emocional de aceptación o rechazo a exhibirse es diferente si debe mostrarse desnuda en una playa nudista; en una sesión privada con su Amo; o en medio de una calle comercial. Un simple cambio en el entorno donde debe comportarse la sumisa determinan diferentes grados de intensidad emocional.
Entre más intensa sea la emoción, más condicionará el comportamiento de la sumisa. Podríamos concluir que, para considerar si alguien es un buen Amo o sumisa, no basta con referirse únicamente a qué practicas o disciplinas realiza; con qué frecuencia las practica; con qué fuerza las ejecuta o con qué resistencia las soporta. Realmente, lo que determina si es buen Ama o sumisa son las emociones que condicionan su comportamiento y la intensidad emocional que se produce.
Comunicación, entrenamiento y límites
La comunicación entre Amo y sumisa es esencial para conocer la intensidad emocional de cada uno. Ambos tienen que aprender a expresar sus emociones y escuchar las del otro.
El entrenamiento en BDSM ayuda a disminuir la intensidad emocional en forma rechazo a determinadas disciplinas y orientarla hacia una intensidad emocional de aceptación y satisfacción. En la medida que aumentan las prácticas se van venciendo las resistencias negativas y se van sustituyendo por otras más placenteras.
A través del entrenamiento podemos descubrir y observar cómo es la respuesta emocional en cada situación (los sentimientos de culpa, por ejemplo, acarrean problemas de disciplina), y esto nos ayudará a realizar un BDSM más seguro. Cada una de las emociones de Amo y sumisa expresa una cantidad o magnitud en una escala positiva/negativa, ya sea de forma brusca o gradual.
Del mismo modo, a través del entrenamiento se puede descubrir la frecuencia de las aceptaciones o rechazos a las disciplinas o juegos BDSM. La frecuencia emocional es el promedio de tiempo durante el cual las personas experimentan emociones positivas o negativas. Nos ayudará a descubrir qué disciplinas son más placenteras porque la satisfacción que producen duran más en el tiempo; o más rechazadas.
Muchos de los límites que Amos y sumisas acuerdan en el BDSM vienen determinados por una intensidad emocional de rechazo. Aquí el entrenamiento ayuda para ir avanzando hacia esos límites hasta superarlos satisfactoriamente.
Desarrollar la inteligencia emocional
El BDSM, como forma de experimentación sobre lo nuevo y desconocido, y de entrenamiento y exploración de los límites permite tanto a Amos como sumisas crecer mutuamente y desarrollar su inteligencia emocional.
Se entiende por tal a la forma de interactuar que tiene muy en cuenta los sentimientos y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc...
Estas habilidades configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social.
Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas también tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida.
Recordando qué son las emociones
Las emociones se manifiestan a través del comportamiento. Son las respuestas externas e internas que cada persona da a las situaciones que le rodean. Son una combinación compleja de aspectos fisiológicos, sociales y psicológicos dentro de una misma situación, produciendo una respuesta orgánica a la consecución de un objetivo, de una necesidad o de una motivación.
En el lenguaje cotidiano, expresamos nuestras emociones dentro de una escala positivo-negativo y en magnitudes variables. Las emociones pueden agruparse, en términos generales, de acuerdo con la forma en que afectan nuestro comportamiento: si nos motivan a aproximarnos o a evitar algo. Así, experimentamos ocho categorías básicas de emociones que motivan varias clases de comportamiento: Temor, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación; cada una de estas nos ayudan a adaptarnos a las demandas de nuestro ambiente aunque de diferentes maneras.
Las diferentes emociones se pueden combinar para producir un rango de experiencias aún más amplio: duelo, depresión, confusión, decepción, indignación, irritabilidad, hostilidad, cólera, miedo, pánico, melancolía, nerviosismo, consternación, terror, fobia, pesimismo, satisfacción, euforia, éxtasis, placer, gratificación, felicidad, rabia, furia, resentimiento, desesperación, temor, aprensión, ansiedad.
Las emociones pueden seguir persistiendo aunque el motivo que las generó haya desaparecido, e incluso pueden generar una cadena compleja de comportamientos que van más allá de la simple aproximación o evitación, aceptación o rechazo.
Cómo reaccionamos ante las emociones
Las reacciones “fisiológicas” más importantes son: alteraciones en la circulación, cambios respiratorios y secreciones glandulares.
Las reacciones que pueden ser llamadas “sociales”, porque en la producción de las mismas intervienen personas o situaciones sociales son: Cólera: se produce por la frustración de no obtener lo que necesitamos o deseamos; Temor: se produce como reacción ante la llegada rápida, intensa e inesperada de una situación que perturba nuestra costumbre y hábitos; Emociones agradables: existen una serie de emociones sociales que tienen el carácter de ser agradables y liberadoras de tensión y excitación en las personas, como es el caso del amor y la risa.
Las reacciones “psicológicas” son las frustraciones y los conflictos. Son habituales en nuestras vidas, no sólo interactúan entre sí, sino que constituyen una de las fuentes más importantes del comportamiento humano. La frustración se produce cuando aparece una barrera o interferencia invencible en la consecución de una meta o motivación. El conflicto surge cuando la persona tiene que elegir, tiene que optar o, cuando ante una situación adversa no tiene más remedio que aceptarla.
Etiquetas: emociones